La antinovela o Nouveau Roman fue una corriente surgida en Francia a mediados del siglo XX; aunque en realidad no se puede precisar si existe o no tal grupo, ya que a aquellos que se les llama de esa forma no tenían demasiadas características en común. Sólo el hecho de tratar de inventar una nueva literatura y de dejar al hombre como un objeto que se encuentra en el mundo junto con los demás objetos.
Esta serie de escritores franceses, por ser temporalmente siguientes a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y su literatura comprometida, se ganó la crítica de los especialistas, ya que daban la espalda al compromiso de escribir, o más bien daban la espalda a la importancia de lo que escribían. Su verdadero compromiso era en la forma, donde intentaban encontrar nuevos caminos para la novela.
“Nada puede estar más lejos de ella [la literatura] que la intención de rendir un testimonio, de defender una tesis o de adherirse a un partido político. El único compromiso que, de manera lícita, es capaz de asumir un escritor es su compromiso con la literatura” (Castellanos)
Así defiende la idea Rosario Castellanos cuando defiende la nueva novela francesa ante las críticas. Y exactamente como ella lo dice el escritor sólo tiene el compromiso con la literatura; y ante éste, los Nouveaux Romanciers estaban claramente comprometidos, por lo cual buscaban llevarla a lugares desconocidos y exigir que no fuera la misma literatura que prevalecía desde hace tiempo.
Pero aquí el punto no es demostrar la acción de estos escritores frente a la literatura, sino tratare de explicar una teoría totalmente ilógica, pero que me agrada imaginar. Aunque la mía no es tan descabellada como la de Leenhardt, ya que él peca en excesivos supuestos y en contra de Sontag, interpreta mucho más de lo que nos viene a decir la novela, lo peor son sus interpretaciones excesivamente guiadas a ninguna finalidad.
Si podemos nos detenemos un poco a pensar en la literatura anterior a los Nouveaux Romanciers, podemos encontrar que más allá de tratar de hacer la forma de los escritos lo que importaba era el fondo, pero gracias que los existencialistas si sabían escribir, por lo cual tampoco se descuida completamente la forma.
Ahora bien, estos escritores de la Nouveau Roman se centran tanto en la forma que podrían pensarse que no tienen nada que decir, pero no es así, las historias que toman para armar su juego literario pueden llegar a ser tan ricas que sólo hacen falta lectores capaces que ayuden a completar el juego y por lo cual la historia.
Pero no intento demostrar nada sobre las historias, a lo que me centro es a objetar la crítica que les hicieron a estos escritores. Se les condenaba por no seguir la corriente de la literatura comprometida, de los existencialistas. El ser y la nada y nada más que ser un objeto dentro del mundo no es inicio para un ser existencialista, eso pregunto. Qué no debemos situarnos en este mundo como algo existente, luego vendrá la angustia y tomaremos la conciencia y veremos el absurdo y tomaremos decisiones de ser esto o aquello, pero primero, aquí estamos y rozamos con lo demás que se encuentra abarcando espacios en el mundo.
Qué es una locura ver en una cosificación un punto de partida para el existencialismo, para mí no lo es tanto, pero tal vez para las demás personas si lo sea, así lo fue para todos los contemporáneos de estos escritores que hasta de traición los acusaron por no seguir una corriente. Yo acuso a estos críticos de traicionar la literatura.
Aún no hay comentarios
Aún no hay comentarios.
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
Deja un comentario
